El Coraje de ir a Terapia

El Coraje de ir a Terapia

Tenía claro que deseaba iniciar este espacio con un homenaje a todas aquellas personas que deciden acudir a la consulta de un psicólogo en algún momento de sus vidas. Quizás no todo el mundo conozca lo que puede conllevar iniciar una psicoterapia. Pero os diré que, en un proceso terapéutico, se movilizan muchas cosas. Algunas muy dolorosas y otras maravillosas. Imposibles de plasmar todas ellas por este medio, pero si intentaré realizar una breve aproximación para entender, en general, qué nos puede aportar, qué sentido tiene y lo que puede implicar.

Iniciar un proceso terapéutico es un acto de valentía, de amor propio, de responsabilidad, de autocuidado, y respeto hacia uno mismo/a. Es motivo de orgullo y no de vergüenza. Es signo de fortaleza y además de inteligencia. Y esto es así, porque la terapia es un recurso más para resolver conflictos, un espacio de desarrollo y crecimiento personal, de autoconocimiento, y no el último “rincón clandestino” al que acudimos cuando ya no podemos más.

Las personas que acuden a terapia son aquellas que deciden cambiar la pasividad por la acción, y eligen ponerse a ellas mismas en valor, su bienestar y su salud. Apostando por llevar una vida plena y no conformándose sólo con sobrevivir.

Es necesario dejar atrás aquella obsoleta concepción de que hacer terapia es solo para personas débiles que están “locas” o enfermas. Lejos de esto, la terapia está abierta a todos los públicos. Es para todo el mundo, sin excepciones.

Muchas veces se tratan de personas que lejos de sufrir un trastorno mental, en contra de lo que se pueda pensar, son conscientes de que hay aspectos de sí mismas y de sus vidas que son mejorables. Así que deciden hacerse cargo porque no quieren seguir sufriendo o porque, simplemente, desean conocerse mejor así mismas.

“Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada”. - Elisabeth Kubler-Ross -.

Acudir a terapia implica realizar un proceso de introspección, en el que tomamos conciencia de conflictos, de situaciones, de relaciones, de hábitos… que son disfuncionales y fuente de nuestro malestar. Y que son necesarios cambiar para sentirnos mejor.

Es tomar conciencia de quienes somos, qué necesitamos, cuales son nuestros deseos y anhelos más profundos, y cuáles son nuestros mayores temores e inseguridades qué nos impiden avanzar.

Es dejar de evadir lo que no nos gusta para poderlo cambiar. Es escuchar verdades incómodas. Es sentarnos en frente de nuestro dolor y no salir huyendo. Es darnos cuenta de qué queremos conservar y qué necesitamos dejar ir o soltar. Es un proceso de aprendizaje, en el que vamos integrando diferentes aspectos de nuestra personalidad y de nuestra historia de vida para evitar que nos sigan condicionando en el presente.

Y todo esto es fundamental, porque conocernos mejor nos permitirá tomar mejores decisiones, jugar bien las cartas que nos da la vida, y así dar menos palos de ciego.

Ya lo expresó Carl Gustav Jung de manera magistral en la frase:

“Tu visión se volverá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón. Quien mira hacia afuera, sueña. Quién mira hacia adentro, despierta”.

Pero es evidente que este “despertar” puede darnos mucho miedo, y que pasar por todo ese proceso, nos aterre e intentemos evitar por todos los medios, conectar con aquello que tenemos en nuestro interior.

Es así, porque por desgracia, no estamos acostumbrados a dirigir nuestra mirada hacia dentro. Nadie nos enseña a entender qué pasa en nuestro interior, ni a reflexionar sobre nosotros/as mismos/as. Y después de mucho tiempo sin observarlo ni prestar atención, se van acumulando los asuntos pendientes y la insatisfacción y el dolor crecen.

La buena noticia es que, una vez superados los miedos iniciales, la terapia se convierte en un espacio liberador en el que poder reducir nuestros ruidos internos, que pedían a gritos que los escucháramos y atendiéramos. Y aunque el proceso terapéutico tiene sus altibajos, a largo plazo cada esfuerzo merece la pena. Con paciencia, tiempo y dedicación puede resultar muy gratificante.

Es obvio que todo esto hacerlo por nuestra cuenta a veces no es posible, siendo necesario que alguien nos guie, nos oriente, nos acompañe en el camino y nos brinde las herramientas adecuadas para realizar el viaje hacia nuestro interior. Y esa es nuestra labor como psicólogas/os.

La terapia, en definitiva, siempre tratará de favorecer un espacio en el que poder desarrollar una forma de posicionarse ante la vida -ante uno mismo/a, los demás y el mundo- mucho más adulta, sana, funcional y madura.

No me gustaría acabar sin dejaros por aquí, esta pequeña joya que, espero, invite a la reflexión.

En construcción (disculpen las molestias)

Fui posponiendo todas las cosas,
ocultándome entre las ramas de algún amor precipitado,
escondiéndome entre el efímero calor
de las buenas palabras de amigos que me quieren ver bien,
Huyendo siempre hacia delante,
evitando ver lo que tenía dentro,
tratando de dar al destino con la puerta en la cara,
pero tuve que rendirme.
No pude eludir la cita que tenía conmigo
Y tuve que bajar hasta el fondo de mí mismo
Igual que un hombre que baja al cuarto de calderas sin linterna.
Allí estaban mi tendencia a agradar al resto
tapando el miedo a que no me quisieran,
mi necesidad de demostrar que soy inocente
sin saber nunca de qué,
un hueco en la pared hecho de ilusiones rotas,
los miedos que nos inculcaron nuestros padres,
que les inculcaron a nuestros padres,
el rencor que me dejaron las promesas incumplidas,
las expectativas hechas pedazos
y decidí no tratar de achicar el agua de ningún Titanic,
no quise correr, decidí sentarme a mirar
y ver que toda esa porquería también formaba parte de mí,
y no quise recogerla y tirarla por la ventana
sino entender de dónde venía
y perdonarme por no ser perfecto
y por eso no tiene final este poema,
porque estoy en ello.


*Poema del libro “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío” de Marwan.

Dedicado a todas aquellas personas que se esfuerzan día a día por mejorar sus vidas. Y especialmente a quienes acompaño en terapia. Gracias por el enorme privilegio que supone compartir vuestras vivencias, por elegirme para acompañaros en vuestro proceso de cambio y por dar sentido a todo mi trabajo. Os admiro muchísimo. Va por vosotras/os.

Por Esther Fuentes

Psicóloga sanitaria y psicoterapeuta de adultos

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